La falta de techo y trabajo, una deuda social que crece

En pleno siglo XXI, la sociedad argentina todavía no ha logrado atacar las causas estructurales de la pobreza: la desigualdad, la falta de trabajo, y las dificultades para acceder a la tierra y la vivienda. Casi un millón de familias que en distintos rincones del extenso territorio nacional viven en barrios que carecen de la infraestructura básica siguen esperando una política seria de poblamiento y planificación urbana que brilla por su ausencia.

n un artículo periodístico publicado en un matutino porteño, el fundador del Movimiento de Trabajadores Excluidos y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y asesor del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, Juan Grabois, lamentó que en el último período preelectoral se alentara desde ciertos sectores del oficialismo un discurso de odio que alimenta la construcción de un “enemigo interno”, con pedidos de mano dura, justificaciones de los casos de gatillo fácil, la criminalización de la infancia y la estigmatización de las organizaciones sociales. Un discurso que, por cierto, no contribuye en lo más mínimo a reducir la marginalidad y la exclusión, pero que al parecer ayuda a cosechar votos en sectores de la clase media que, por una extraña razón, justifica privilegios para los más sectores más acomodados y se escandaliza con cualquier ayuda a los que menos tienen.

En un país que tiene a un sector importante de la población que sobrevive en más de 4.200 villas y asentamientos que crecen al margen de los principales centros urbanos, donde las familias carecen de las más elementales condiciones para llevar una vida con dignidad, y donde se favoreció con una política de blanqueo a quienes más recursos tienen, resulta difícil justificar la demora para aprobar la ley que favorezca la integración de estos sectores más postergados de la sociedad que carecen de servicios de agua, energía eléctrica y cloacas.

En la Argentina la escasez de tierras urbanizadas tiene una estrecha relación con la naturaleza especulativa que se observa en los mercados de tierras de las ciudades más urbanizadas del país, un fenómeno que no es nuevo pero que en forma periódica provoca un fuerte aumento de los precios de las tierras que termina dejando a la mayoría de las familias sin la posibilidad de acceder a un terreno, como paso previo para la construcción de un techo propio. No es un secreto que la pobreza y la precariedad urbana son las dos caras de una misma moneda. “Tener un techo digno en un barrio integrado es una precondición para la ciudadanía, su ausencia, un signo de exclusión”, plantea Juan Grabois y recuerda que el Papa Francisco sostiene que, junto a la tierra y el trabajo, la vivienda digna es un derecho sagrado. Pero si la falta de un techo digno para las familias más desposeídas debe ser motivo de preocupación para toda la sociedad, y en especial, para quienes tienen en sus manos la responsabilidad de promover e impulsar políticas públicas para resolver esos problemas estructurales, también lo debe ser la falta de trabajo en un país que registra un lento pero sostenido proceso de destrucción de empleo, como acaba de confirmarse en la actividad industrial que alcanzó en febrero pasado su nivel más bajo en los últimos siete años, según se desprende de las cifras que maneja el Ministerio de Trabajo de la Nación que confirman que en el segundo mes de este año hubo una reducción de 2400 empleos formales en este sector de la economía respecto al mes anterior, mientras que si se compara con febrero de 2017 se advierte que en un año se perdieron 16.800 puestos industriales.

Está sobradamente demostrado que en las sociedades que han logrado asegurar una mejor calidad de vida para todos sus habitantes, tienen menores niveles de inseguridad y por consiguiente mejores indicadores de bienestar colectivo. En la Argentina de hoy no hay señales claras que muestren que se avanza en ese sentido, y la falta de trabajo y de viviendas dignas para amplios sectores de la población sigue siendo una deuda social que aún no se ha saldado.http://www.diarionorte.com/article/165816/-la-falta-de-techo-y-trabajo-una-deuda-social-que-crece-

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